sábado, 5 de septiembre de 2020

La "generación del yo" se dirige hacia el desastre


Cualquiera que observe nuestra vida contemporánea desde la perspectiva de la vida normal vivida por la gente en épocas anteriores - digamos en Rusia, Estados Unidos o cualquier país de Europa occidental en el siglo XIX - no puede evitar sorprenderse por el hecho de lo anormal que la vida se ha convertido hoy.

Todo el concepto de autoridad y obediencia, de decencia y cortesía, de comportamiento público y privado, todo han cambiado drásticamente, todo se ha puesto patas arriba, excepto en unos pocos grupos aislados de personas - generalmente cristianos de algún tipo -  que tratan de preservar el modo de vida llamado "anticuado".

Hoy nuestra vida anormal se puede definida como un estilo de vida de personas malcriadas y mimadas. Desde la infancia, el niño de hoy es tratado, por regla general, como un pequeño dios o diosa de la familia: se satisfacen sus caprichos, se cumplen sus deseos; está rodeado de juguetes, diversiones, comodidades; no es entrenado y educado de acuerdo con los principios estrictos de la conducta cristiana, sino que se le deja que se desarrolle de cualquier manera acorde a sus deseos.

Por lo general, es suficiente para él decir: "¡Lo quiero!" o "¡No lo haré!" para que sus serviciales padres se postraran ante él y le dejaran salirse con la suya.

Quizás esto no sucede todo el tiempo en todas las familias, pero sucede con suficiente frecuencia como para ser la regla de la crianza de los niños contemporánea, e incluso los padres mejor intencionados no escapan por completo a su influencia. Aunque los padres intenten criar al niño estrictamente, los vecinos están tratando de hacer otra cosa. Tienen que tener eso en cuenta al disciplinar al niño.

Cuando un niño así se convierte en adulto, naturalmente se rodea de las mismas cosas a las que estaba acostumbrado en su infancia: comodidades, diversiones y juguetes para adultos. La vida se convierte en una búsqueda constante de la "diversión" que, por cierto, es una palabra totalmente desconocida en cualquier otro vocabulario; en la Rusia del siglo XIX no habrían entendido lo que significaba esta palabra, ni ninguna civilización seria.

La vida es una búsqueda constante de "diversión" que está tan vacía de cualquier significado serio que un visitante de cualquier país del siglo XIX, al mirar alguno de nuestros populares programas de televisión, parques de atracciones, publicidad, películas, música - o a casi cualquier aspecto de nuestro cultura - pensaría que se ha topado con una tierra de imbéciles que han perdido todo contacto con la realidad y la normalidad.

No solemos tener esto en cuenta, porque vivimos en esta sociedad y lo damos por sentado.

Algunos observadores recientes de nuestra vida contemporánea han llamado a los jóvenes de hoy la "generación del yo" y a nuestros tiempos la "edad del narcisismo", caracterizada por un culto y fascinación por uno mismo que impide el desarrollo de una vida humana normal.

Otros han hablado del universo "plástico" o del mundo de fantasía en el que tanta gente vive hoy, incapaz de afrontar o aceptar la realidad del mundo que los rodea o los problemas dentro de sí mismos.

Cuando la "generación del yo" recurre a la religión, lo que ha estado sucediendo con mucha frecuencia en las últimas décadas, generalmente es hacia una forma de religión "plástica" o de fantasía: una religión de objeto de culto), de lavado de cerebro y control mental, de gurús deificados y swamis, de una persecución de ovnis y seres "extraterrestres", de estados y sentimientos espirituales anormales.

No entraremos a comentat todas estas manifestaciones, que probablemente sean lo suficientemente familiares para la mayoría de ustedes, excepto para discutir un poco más adelante cómo afectan a la vida espiritual cristiana ortodoxa de nuestros días.

Es importante que nos demos cuenta hoy, mientras nos esforzamos por llevar una vida cristiana, que el mundo mimado de nuestros tiempos, hace exigencias al alma, ya sea en la religión o en la vida secular, que debemos de llamar "totalitarias".

Esto es bastante fácil de ver en los cultos alucinantes que han recibido tanta publicidad en los últimos años y que exigen lealtad total a un "hombre santo" hecho a sí mismo; pero es igualmente evidente en la vida secular, donde uno se enfrenta no solo a una tentación individual aquí o allá, sino a un estado constante de tentación que agobía, ya sea en la música ambiental que se escucha en todas partes en los mercados y negocios, en los afiches y vallas publicitarias de las calles de la ciudad, en la música rock que se lleva incluso a los campamentos y senderos del bosque, y en el hogar mismo, donde la televisión a menudo se convierte en el gobernante secreto del hogar, dictando valores, opiniones y gustos modernos.

Si tiene niños pequeños, debes de saber cuán cierto es esto; cuando ellos han visto algo en televisión es muy difícil luchar contra esta nueva opinión que ha dado como autoridad la televisión.

El mensaje de esta tentación universal que ataca a los hombres de hoy - bastante abierta en sus formas seculares, pero usualmente más escondido en sus formas religiosas - es: vive el presente, disfruta, relájate, siéntete cómodo.

Detrás de este mensaje hay otro trasfondo más siniestro que se expresa abiertamente solo en los países oficialmente ateos que están un paso por delante del mundo libre en este sentido.

De hecho, debemos darnos cuenta de que lo que está sucediendo en el mundo de hoy es muy similar, ya sea que ocurra detrás del Telón de Acero o en el mundo libre. Hay varias diferentes, pero detrás de ellas hay un ataque muy similar con miras a conseguir nuestra alma.

En los países comunistas que tienen una doctrina oficialmente atea, dicen abiertamente que debes: olvidar a Dios y cualquier idea sobre la otra vida que no sea la presente; debes eliminar de tu vida el temor de Dios y la reverencia por las cosas santas; considerando a los que todavía creen en Dios de una forma  ya "caduca" como enemigos que deben ser exterminados.

Uno podría tomar, como símbolo de nuestros tiempos despreocupados, amante de la diversión y de la auto adoración, a nuestro "Disneyland" estadounidense; Si es así, no debemos dejar de ver detrás de él, el símbolo más siniestro que muestra hacia dónde se dirige realmente la "generación del yo": al Gulag soviético, la cadena de campos de concentración que ya gobierna la vida de casi la mitad de la población mundial.


Padre Seraphim Rose
Traductor: Yerko Isasmendi