lunes, 7 de septiembre de 2020

Cristianos ortodoxos frente a la década de 1980


Al observar la ortodoxia, en su estado actual y sus perspectivas en el período que tenemos ante nosotros, podemos ver dos aspectos opuestos. En primer lugar, está el espíritu de mundanalidad que está tan presente en las iglesias ortodoxas de hoy, lo que lleva a una dilución de la ortodoxia, a una pérdida de la diferencia entre ortodoxia y heterodoxia. Esta mundanalidad ha producido el movimiento ecuménico, que está llevando a la aproximación con la unión con Roma y las confesiones occidentales, algo que bien puede ocurrir en los años ochenta. En sí mismo, esto probablemente no será un evento espectacular: la mayoría de las personas ortodoxas se han vuelto tan inconscientes de su fe, y tan indiferentes a ella, que solo agradecerán la oportunidad de recibir la comunión en una iglesia romana o anglicana. Este espíritu de mundanalidad que está en el aire y parece natural hoy; es el equivalente religioso de la atmósfera ateo-agnóstica que prevalece en el mundo.

¿Cuál debería ser nuestra respuesta a este mundano movimiento ecuménico?. Afortunadamente, nuestros obispos de la Iglesia rusa fuera de Rusia nos han dado una política sólida a seguir: no participamos en el Movimiento Ecuménico, y nuestro Metropolitano [Filaret] ha advertido a otros cristianos ortodoxos de los desastrosos resultados de seguir un curso ecuménico; pero al mismo tiempo nuestros obispos se han negado a cortar todo contacto y comunión con las Iglesias ortodoxas implicadas en el Movimiento Ecuménico, reconociendo que todavía es una tendencia que aun no ha llegado a su conclusión (la Unión con Roma) y que (menos en el caso del Patriarcado de Moscú y otras iglesias detrás del Telón de Acero) es una política policial impuesta a la Iglesia por las autoridades seculares. Pero a causa de esta política, nuestra Iglesia sufre ataques tanto por el lado izquierdo (de los ecumenistas que nos acusan de ser poco caritativos, atrasados, etc.) como por el lado derecho (por grupos en Grecia que exigen que rompamos la comunión con todas las Iglesias ortodoxas y declararlas sin gracia).

De hecho, si uno mira el estado de la Iglesia Ortodoxa en Grecia, podemos ver que el Movimiento Ecuménico ha producido una reacción que a menudo se ha vuelto excesiva y, a veces, es casi tan mala como la enfermedad que busca curar. El más moderado de los antiguos grupos calendaristas de Grecia tiene una posición similar a la de nuestra Iglesia rusa en el extranjero; pero se ha producido un cisma tras otro entre los antiguos calendaristas sobre la cuestión del rigor. Hace algunos años, uno de estos grupos cortó la comunión con nuestra Iglesia rusa en el extranjero porque nuestros obispos se negaron a declarar que todas las demás iglesias ortodoxas están sin gracia; este grupo ahora declara que solo es depositaria de la gracia, solo ellos son ortodoxos. Recientemente, este grupo ha atraído a algunos conversos de nuestra Iglesia rusa en el extranjero, y debemos ser conscientes de que esta actitud es un peligro para algunos de nuestros conversos estadounidenses y europeos: con nuestra mentalidad calculadora y racionalista es muy fácil pensar que estamos siendo celosos y estricto, cuando en realidad estamos complaciendo principalmente nuestra pasión por el fariseismo.

Un viejo obispo calendarista en Grecia nos ha escrito que se le ha hecho un daño incalculable a la Iglesia Ortodoxa en Grecia por lo que él llama "la enfermedad de la corrección", cuando la gente cita los cánones, a los Padres, el typicon para demostrar que tienen razón y que todos los demás están equivocados. La corrección puede convertirse verdaderamente en una enfermedad cuando se administra sin amor, tolerancia y conciencia de la propia comprensión imperfecta. Tal corrección solo produce continuos cismas, y al final solo ayuda al Movimiento Ecuménico a reducir el testimonio de una sana ortodoxia.

Llama la atención entre los ortodoxos de hoy- que seguramente nos acompañará en los años ochenta - el espíritu mundano por el que la ortodoxia está perdiendo su sabor, expresado en el Movimiento Ecuménico, junto con la reacción contra él, que a menudo es excesiva precisamente porque el mismo espíritu mundano está presente en dicha reacción.

Indudablemente habrá un número creciente de conversos ortodoxos en América y Europa en la próxima década, y debemos esforzarnos para que nuestro testimonio misionero los ayude a producir, no fríos, calculadores y correctos expertos en la letra de la ley, sino en cristianos cálidos. sencillos y amorosos, al menos en la medida en que lo permita nuestro altivo temperamento occidental.

Una vez que al padre Dimitri [Dudko] se le preguntó sobre cuánto mejor estaba la religión en el mundo libre que en Rusia, y él respondió: «Sí, tienen libertad y muchas iglesias, pero la suya es una espiritualidad con consuelo. En Rusia tenemos un camino diferente, un camino de sufrimiento que puede producir frutos reales».

Debemos recordar esta frase cuando miremos nuestra propia ortodoxia débil en el mundo libre: ¿estamos contentos con tener hermosas iglesias y cantos; ¿Quizás nos jactamos de guardar los ayunos y el calendario de la iglesia, tener buenos íconos y cantos congregacionales, que damos a los pobres y quizás diezmos a la Iglesia? ¿Nos deleitamos en las enseñanzas patrísticas exaltadas y las conferencias teológicas sin tener la sencillez de Cristo en nuestros corazones? Entonces la nuestra es una espiritualidad con consuelo, y no tendremos los frutos espirituales que exhibirán aquellos que no tienen todos estos consuelos, que sufren y luchan profundamente por Cristo. En este sentido, debemos tomar como ejemplo a la Iglesia sufriente en Rusia y colocar lo externo del culto de la Iglesia en su respectivo lugar.

Nuestra tarea más importante, quizás, es la iluminación cristiana de nosotros mismos y de los demás. Debemos profundizar en nuestra fe, no estudiando los cánones de los Concilios Ecuménicos o el typicon (aunque también tienen su lugar), sino conociendo cómo actúa Dios en nuestras vidas; leyendo las vidas de los que agradan a Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento (leemos muy poco el Antiguo Testamento; es muy instructivo); leyendo la vida de los santos y los escritos de los Santos Padres sobre la vida espiritual práctica; leyendo sobre el sufrimiento de los cristianos hoy y en los últimos años. En todo este aprendizaje, nuestros ojos deben estar ridigos al cielo, la meta por la que nos debemos esforzar, no en los problemas y desastres de la tierra.

La vida y aprendizaje cristiano deben ser tal que nos permitan conocer al verdadero Cristo y reconocer al falso Cristo (Anticristo) cuando venga. No es el conocimiento teórico o la corrección lo que nos dará este conocimiento. Vladimir Soloviev en su parábola del Anticristo tiene una visión valiosa cuando señala que el Anticristo construirá un museo de todas las antigüedades bizantinas posibles para los ortodoxos, si tan solo lo aceptan. Así, también, la mera corrección en la ortodoxia sin un corazón cristiano amoroso no podrá resistir al Anticristo; uno lo reconocerá y podrá enfertarlo con firmeza principalmente con el corazón y no con la cabeza. Debemos desarrollar en nosotros mismos los sentimientos e instintos cristianos correctos, y dejar de lado toda fascinación por las comodidades espirituales del estilo de vida ortodoxo, o de lo contrario seremos, como ha observado un observador perspicaz de los conversos actuales, ortodoxos pero no cristianos.


Padre Seraphim Rose
Fuente: "Orthodox Christians Facing the 1980s", A lecture given at the St. Herman Summer Pilgrimage, Platina, CA, Agosto 9, 1979
Traductor: Yerko Isasmendi