jueves, 16 de julio de 2020

Carta de un lector de René Guénon



A continuación, transcribiremos extractos de una carta de los últimos años de la vida del Hieromonje Serafin, a un joven quién le habría manifestado su interés por los escritos del pensador tradicionalista francés, Rene Guénon:   

…Justamente René Guénon fue la principal influencia en la formación de mi propia perspectiva intelectual (bastante alejada de la cuestión de la Ortodoxia Cristiana). Yo leí y estudié con avidez todos los libros de él que pude conseguir; a través de su influencia estudié la lengua china antigua y resolví hacer por la tradición china lo que él había hecho por la hindú; Yo pude conocer y estudiar con un genuino representante de la tradición china y entendí muy bien lo que él quiere decir con la diferencia entre los maestros auténticos y los meros "profesores" que enseñan en las universidades.

Fue René Guénon quién me enseñó a buscar y amar la Verdad por encima de todo, y a estar insatisfecho con cualquier otra cosa; esto es lo que finalmente me llevó a la Iglesia Ortodoxa. Tal vez unas palabras de mi experiencia serán de ayuda para que usted sepa.

Durante años, en mis estudios yo estaba satisfecho con estar  "por encima de todas las tradiciones", pero de alguna manera fiel a ellas; Yo solo fui más profundamente en la tradición china, porque nadie la había presentado en Occidente desde un punto de vista totalmente tradicional. Cuando visité una iglesia ortodoxa, fue sólo con el fin de ver otra "tradición"-a sabiendas de que Guénon (y uno de sus discípulos) había descrito la ortodoxia como la más auténtica de las tradiciones cristianas.

Sin embargo, cuando entré en una iglesia ortodoxa por primera vez (una iglesia rusa en San Francisco), me sucedió algo que no había experimentado en ningún otro templo budista o del Este; algo en mi corazón, dijo que se trataba de "casa", que toda mi búsqueda había terminado. Yo realmente no supe qué .. significaba esto, porque el servicio era muy extraño para mí, y en un idioma extranjero. Empecé a asistir a los servicios ortodoxos con más frecuencia, aprendiendo poco a poco su lengua y sus costumbres, pero manteniendo todas mis ideas básicas guenonianas sobre todas las auténticas tradiciones espirituales.

Con mi exposición a la Ortodoxia y al pueblo ortodoxo, sin embargo, una nueva idea comenzó a entrar en mi conciencia: que la verdad no era solo una idea abstracta, buscada y conocida por la mente, sino era algo personal -incluso una persona- buscada y amada por el corazón. Y así es como conocí a Cristo. Ahora estoy agradecido de que mi acercamiento a la ortodoxia tomó varios años y no tenía nada de exaltación emocional al respecto- que fue la influencia de Guénon otra vez, y me ayudó a profundizar en la Ortodoxia sin los altibajos que algunos conversos encuentran cuando no están demasiado listos para algo tan profundo como la Ortodoxia. Mi entrada en la Iglesia Ortodoxa se produjo al mismo tiempo que dejé el mundo académico y abandoné el intento de comunicar la tradición china al mundo occidental. Mi maestro chino también salió de San Francisco poco antes de esto-mi único contacto real con la tradición- y al estilo guenoniano desapareció por completo, sin dejar dirección. Lo recuerdo con cariño, pero después de convertirme a la Ortodoxia vi cuán limitada era su enseñanza: la enseñanza espiritual china, dijo, desaparecería por completo del mundo, si el comunismo perdura otros diez o veinte años en China. Tan frágil era esta tradición -pero el cristianismo ortodoxo que había encontrado sobreviviría todo y perseveraría hasta el fin del mundo- porque no fue meramente transmitido de generación en generación, como lo son todas las tradiciones; pero era al mismo tiempo ha sido dado por Dios al hombre.

Miro hacia atrás con cariño ahora a René Guénon como mi primer instructor real en la Verdad, y yo sólo rezo para que usted tome lo que es bueno de él y no deje que sus limitaciones lo encadenen. Incluso psicológicamente, la "sabiduría oriental" no es para nosotros que somos de carne y hueso de Occidente; El cristianismo ortodoxo es claramente la tradición que nos fue dada, y se puede ver claramente en la Europa occidental de los diez primeros siglos, antes de que Roma se aleje de la Ortodoxia. Pero también ocurre que la Ortodoxia no es solo una "tradición" como cualquier otra, un "entregar" la sabiduría espiritual del pasado; es la Verdad de Dios aquí y ahora -nos da un contacto inmediato con Dios, como ninguna otra tradición puede hacer. Hay muchas verdades en las otras tradiciones, ambas, en las que se han transmitido desde un pasado en que los hombres estaban más cerca de Dios, y en las descubiertas por hombres dotados en los límites de la mente; pero la verdad completa está sólo en el cristianismo, la revelación de Dios de Sí mismo a la humanidad. Voy a tomar sólo un ejemplo: hay enseñanzas sobre el engaño espiritual en otras tradiciones, pero ninguna refinada tan a fondo como las enseñadas de los Santos Padres ortodoxos; y más importante aún, estos engaños del maligno y de nuestra naturaleza caída son tan omnipresentes y tan completos que nadie podría escaparles a menos el Dios de amor revelado por el cristianismo esté a mano para librarnos de ellos. Del mismo modo: la tradición hindú enseña muchas cosas verdaderas sobre el final del Kali Yuga; pero uno que simplemente conoce estas verdades en la mente será incapaz de resistir las tentaciones de aquellos tiempos, y muchos de los que reconozcan al Anticristo (Chalmakubi) cuando él venga, no obstante, lo adorarán- sólo el poder de Cristo dado al corazón tendrá la fuerza para resistirle.

Es mi oración por usted que Dios abra su corazón, y que usted mismo haga lo que pueda para ir a su encuentro. Allí encontrará la felicidad que nunca antes soñó posible; su corazón se unirá a la cabeza en el reconocimiento del verdadero Dios, y no hay una verdad real que haya conocido que vaya a perderse. Que Dios lo quiera! Siéntase libre de escribir lo que sea esté en su mente o corazón.


Con Amor,
H. Serafin 
                                                                                               
Traductor: Fr. Gregory